sábado, 26 de diciembre de 2009

“Deben pensar que estamos desquiciadas”*


El candombe: masculino y singular. En la práctica, la ruptura con el segundo atributo morfológico del término está desde siempre, ya que el género se construyó sobre un todo que era más que la suma de las partes. Pero los diez kilos de tambor –o la espectral aparición de una puja de poder– confinaron a la mujer al baile. Iyá Kereré Leli kelén es la primera cuerda integrada únicamente por mujeres en el país. Junto a otras 12 comparsas, actuará hoy a partir de las 18 en San Telmo, en la primera llamada de candombe independiente, Lindo Quilombo.
Es el primer encuentro gestionado por comparsas disconformes con la organización de la llamada oficial, que tuvo lugar el fin de semana pasado con la actuación de apenas seis cuerdas, según informó Agustina Martínez, directora de Iyá Kereré. Los grupos habían pedido a los funcionarios de Cultura el cumplimiento de unos “requisitos básicos” para el desfile: “Agua, vallado, micros, iluminación, corte de calles y alojamiento para los grupos del interior”, enumera Martínez a Página/12. Como el gobierno de la ciudad “no garantizó nada”, las comparsas programaron por su cuenta una fiesta popular similar a las que se desarrollan en Carnaval en el barrio Sur de Montevideo, con un recorrido que partirá de Garay y Balcarce y culminará en Defensa e Independencia. Los tríos de tamboriles estarán acompañados por los movimientos mágicos de mamas viejas, escobilleros y gramilleros.
Para los hacedores del género, las llamadas son la máxima expresión de un “lenguaje”, la intrincada comunicación entre pianos, repiques y chicos y entre esa interacción y el público. A Tania Quevedo Valencia, integrante de Iyá Kereré, le tocó ser una de esas vecinas a las que el ritmo se les cuela por las venas. “Vi una comparsa y me enamoré. Cuando me compré un tambor sabía que no era un mueble”, recuerda.
Ni clave de sol ni clave de fa. El candombe no necesita de eso. Sí puede decirse que hace casi tres años Iya Kereré inauguró en la Argentina una nueva variante del género, el candombe en clave femenina. “Vinieron muchas mujeres porque no encontraban un espacio. Al principio en las comparsas eran todos hombres”, explica Martínez. Por unanimidad, la agrupación se llamó Iyá Kereré (madre pequeña en lengua yoruba) Leli kelén (abrir los ojos en mapuche). Hoy sus integrantes son 42. “No tenemos la fuerza de los hombres, pero el toque es poderoso”, aclara María de los Angeles Navarro. El estilo que abordan es el Cuareim, el menos exigente físicamente, por ser “más cadencioso y lento”.
En tanto enamoramiento, la relación con el tambor implica goce, pero también adversidades. “Cualquiera debe pensar que estamos desquiciadas. Al tocar, las manos se lastiman, ampollan, sangran”, grafica Navarro.
Por eso es que “el candombe es una forma de resistencia”, define Martínez. También por todo lo que representó en sus inicios: un grito de libertad de la población negra. Y pese a que intentaron callarlos, los cueros siguieron sonando. Una realidad que no cambió tanto al día de hoy, ya que las candomberas tuvieron que mudarse de barrio varias veces por las quejas de los vecinos o por problemas para adquirir habilitaciones. De Flores a Parque Patricios, de Parque Patricios a La Boca. Por ahora, están todos los sábados a las 17 en Pinzón al 700.

–¿Será cierto eso de que la primera en tocar un tambor fue una mujer?

A. M.: –La verdad que no lo sé. Eso dice la leyenda. Pero sería muy lindo que así fuera. Sería un honor.

Informe: María Daniela Yaccar.

*Publicado en Página / 12 el sábado 12 de diciembre de 2009.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-16331-2009-12-12.html

La liberación a través del arte*


Artistas de la cárcel de Ezeiza presentarán hoy en el Centro Cultural Rojas las fotografías y los poemas que realizaron durante el año. La propuesta continúa mañana e incluye recitales, proyecciones y una feria de productos artesanales.

Son mujeres que encuentran una liberación a través del arte. Pero –y he aquí la explicación por la cual el término “liberación” debe entenderse en su sentido más estricto– tienen una particularidad: están presas. Hoy, a partir de las 18, las artistas de la cárcel de Ezeiza presentarán en el Centro Cultural Rojas (Corrientes 2038) las fotografías y poemas que realizaron en el año. La propuesta continúa mañana e incluye recitales, proyecciones y una feria de productos artesanales.
Se trata de la segunda muestra de Yo no fui, una asociación civil que busca acompañar a las mujeres dentro y fuera de la cárcel, con talleres de serigrafía, poesía y fotografía, entre otros. El proyecto comenzó hace cinco años con el taller de poesía a cargo de María Medrano, en la Unidad Penitenciaria 31. Pero la liberación de algunas internas amplió su alcance, con la aparición de necesidades más concretas. “Salen y no hay trabajo”, recalca la escritora a Página/12. Por eso, además de la exhibición de un inmenso mural con 31 fotos y la presentación de un fanzine con producciones literarias de las internas, la exposición ofrecerá al público cuadernos artesanales, ropa, tejidos y telares elaborados por ellas y por mujeres que ya recuperaron la libertad. Y entre los músicos invitados se encuentran Tomi Lebrero y Valeria Cini.
Con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, el Centro Cultural de España y el Fondo Nacional de las Artes –entre otras instituciones culturales–, funcionan en el penal de Ezeiza nueve talleres de arte y de capacitación en oficios, dirigidos cada uno a entre diez y quince personas. Afuera, el proyecto tiene sede propia: un cubículo colorinche en el barrio de Palermo, que aguarda a las mujeres que salen. Medrano explica que “la intención es acompañarlas en todo el proceso de recuperación de su libertad”.

El adentro

“Cuando se acercaban al taller de poesía, muchas mujeres me decían que venían para no olvidarse de las palabras”, recuerda Medrano. Según ella, “el sistema penitenciario se apoya en la destrucción de la individualidad de las personas”. De manera que el arte funciona como contragolpe. Un “pedacito de libertad”. Semanalmente, Medrano propone a las internas lectura y creación. Los primeros trabajos fueron compilados en una antología que lleva el nombre de la asociación, en 2005, con una segunda edición ampliada dos años más tarde, y ahora preparan un tercer libro.
La musa de Liliana Cabrera es la tristeza, cuenta. Fascinada con su participación en el taller del penal, se ofrece para entonar algunos de sus versos que, llamativamente, poco tienen que ver con el encierro. “Pasé por diferentes etapas, antes relacionaba todo con lo que vivía acá. Ahora puedo explorar por otros lados”, analiza. “María me regaló la posibilidad de expresar lo que siento esté donde esté, si tengo un lápiz y un papel. Afuera me interesaban otras cosas. Todo sucede por algo. Encontrar esto fue un oasis.”
La “fuga” también es posible con el taller de fotografía. Este año, las internas descubrieron la técnica estenopeica, con cámaras artesanales diseñadas por ellas. Como en la cárcel no hay espejos, participar de esta propuesta es la posibilidad de verse a sí mismas. “Generalmente vamos al patio. Se sacan fotos ellas o a sus hijos y se las mandan a sus familias”, cuenta Guadalupe Faraj, coordinadora de la actividad con Alejandra Marín. “Hacen cosas increíbles, de una carga alucinante”, recalca.

El afuera

Cuando, en los inicios del proyecto, las integrantes de los talleres comenzaban a salir, se encontraban con una realidad compartida. La falta de trabajo, los prejuicios del pensamiento colectivo y una necesidad de contención. “No hay apoyo del Estado. Costó mucho conseguir el primer subsidio”, agrega Medrano. Por todos estos motivos, siguieron juntándose. Y además, porque “pensaban en sus compañeras presas”, recuerda. Con un pie adentro y otro afuera del penal, Yo no fui busca conectar ambos mundos.
En esta intersección hay personajes cruciales, como Ramona Leiva, que conoció la serigrafía en prisión a través de taller La Estampa y que hoy es coordinadora en la Unidad 3. “Es muy fuerte entrar, cruzar el pasillo y no estar vigilada”, expresa. Lo que logró es reconstruir su presente, pero sin negar su pasado. “Uno es una bola de amor. Yo lo tuve contenido durante cuatro años. Ahora lo pude sacar y lo vuelvo a entrar. Pensar que yo no sabía nada de arte. Todo lo conocí ahí”, recuerda.
Para Medrano, el trabajo de Leiva es uno de los emblemas de Yo no fui, porque logra romper ciertos esquemas: “Se supone que una persona que estuvo presa no está habilitada para enseñar y transmitir cosas positivas. De golpe, que una ex detenida entre a una unidad a dar clases provoca un movimiento en la gente del Servicio Penitenciario. Quedan descolocados”.
Para quienes están adentro, el encierro es menos duro porque saben que afuera hay gente esperando. “Nos sentimos contenidas porque las chicas también están cuando salimos”, se alegra Cabrera. “Sé que cuando me otorguen las salidas transitorias voy a ir al taller. Yo acá trabajo de costurera. Pero mi idea es dedicarme a la serigrafía”, anhela Lilia, también de la Unidad 31.
Compuesta en su mayoría por detenidas, la ONG está igualmente abierta a quienes quieran incorporarse. De adentro y de afuera, claro. Carlos Ponce, por ejemplo, de la Unidad 19, aprovecha sus salidas para confeccionar cuadernos. “Me brindaron mucha confianza. Quizás no haga esto nunca más, pero le doy un valor enorme”, sostiene.
La realidad es que “Yo no fui no es una empresa que da trabajo”, aclara Medrano. No alcanza a suplir algunas ausencias porque “no hay fondos suficientes”. Entonces la idea es “dar una capacitación, ayudar a la gente para que después pueda volar”. De todas maneras, el verdadero objetivo es más profundo: “Que la gente pueda mirarse desde distintos lugares, experimentar percepciones diferentes de sí misma”. Y para Medrano, ése es el efecto de un “movilizador” que todo lo puede: el arte.

Informe: María Daniela Yaccar.

* Publicado en Página / 12 el viernes 4 de diciembre de 2009.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-16227-2009-12-04.html

Teatristas en un lugar de resistencia*


Sin competencia ni jurado, el encuentro de doce compañías fue pensado como una ruptura del “paradigma del centralismo cultural” que implica la cercanía con la Capital. Hasta el 6 de diciembre habrá obras a precios populares, gratis o a la gorra.

Se definen como la cultura de la resistencia, ésa que nace detrás de los telones del barrio. La que emerge con fuerza, pero subsiste amenazada por el temor de que los aplausos se desvanezcan. No obstante, se sostiene. O la sostienen. Antes del Primer Festival de Artes Escénicas Buenos Aires Gran, Página/12 reunió a los investigadores y artistas teatrales del sur del conurbano que lo organizaron. Buscan fomentar un acercamiento con el público de la zona, propenso a emigrar a la ciudad en busca de un buen espectáculo. “Creen que lo que se produce del Riachuelo para acá es inferior”, coinciden directores de los diferentes espacios. El encuentro de las doce compañías, pensado como una ruptura del “paradigma del centralismo cultural” en un rectángulo porteño, comienza hoy y finaliza el 6 de diciembre, con obras para toda la familia a precios populares, gratis y a la gorra.
Sin competencia ni jurado, con la finalidad de demostrar a los huidizos que es errada la connotación negativa del término periferia: allí también se produce mucho, variado y a pulmón. El libro Estéticas de la periferia, de Patricia Devesa y Gabriel Fernández Chapo, miembros del Centro de Documentación del Teatro del Conurbano Sur (Doc/Sur), les gustó tanto a los artistas que decidieron presentarlo con sus obras y entregar algunos ejemplares. Así nació el festival, según Chapo, “un intento de generar un corredor. Revalorizar el teatro de zona sur”. Justo en ¿casual? coincidencia con la Fiesta del Teatro de la Ciudad de Buenos Aires. Por eso, aunque la charla cruza varios ejes, el debate siempre retorna a esto de estar ni muy muy lejos ni tan tan cerca de Buenos Aires.
“No podemos sostener una temporada ni con una capacidad para cincuenta personas. Mucha gente presupone que lo que hacemos no es bueno.” La hipótesis de Mariana Ortiz Losada, directora del Espacio Disparate, de Lanús, prende de inmediato en el resto. Es que la Capital es el “espacio de la legitimación” y, como corolario, el predilecto del público, entienden ellos. Para Claudia Eichenberg, del Teatro de las Nobles Bestias, de Lomas de Zamora, la ubicación geográfica determina el valor simbólico de las manifestaciones artísticas: “Si trabajáramos en el teatro de un pueblo, nos conocería todo el mundo”. Y aunque lo suyo son los títeres, Fernando Suárez, de Bigote de Monigote (Lomas de Zamora), imita la cara de disgusto de los dueños de los teatros porteños cuando “confiesa” sus orígenes.
La subsistencia del teatro independiente en la provincia es complicada porque, de 120 espacios, la mitad no cuenta con ningún tipo de apoyo financiero, según datos del Instituto Nacional del Teatro (INT). En el conurbano sur decoran el paisaje un buen número de cubículos o grandes edificios de colores, entre 30 y 50 salas, estiman en Doc/Sur, y trabajan más de cien compañías. El único apoyo que reciben es nacional, a través de los fondos que envía el INT para grupos, funcionamiento de salas y realización de espectáculos, ayuda que resulta insuficiente sobre todo para quienes alquilan sus espacios a costos cada vez más altos. En este escenario cobra vital importancia la puesta en funcionamiento –en 2010–- de la Ley Provincial del Teatro Independiente. Sancionada a mediados de septiembre pasado, la norma destina un fondo especial de 3,5 millones de pesos provenientes de la Lotería de la Provincia de Buenos Aires para “promover y proteger” la otra cara de la actividad cultural. Principalmente, se planteó como la posibilidad de que los grupos puedan comprar sus espacios o pagar la totalidad del alquiler y vean favorecida su difusión, el gran karma del teatro independiente bonaerense. “Es algo nunca visto”, subraya Alfredo Badalamenti, también de Nobles Bestias. “Tenemos que aprovecharlo y somos responsables de que se reglamente como corresponde.”
Lo llamativo, da a entender Badalamenti, es la intervención del Estado en el asunto. “La cultura no garpa, nadie invierte en los barrios”, coincide Mario di Nicola, investigador de Doc/Sur. En Lomas de Zamora, tal vez el distrito de mayor producción teatral en la zona, lo paradójico es que “la comuna contrata a artistas famosos y les paga miles de pesos”, protesta Nelson Valente, del BTE. La inexistencia de apoyo local es una constante: sin ir más lejos, el festival es autogestionado, con un pequeño aporte de la Municipalidad de Lanús para los traslados.
Resulta inevitable no trazar un paralelismo con lo que pasa en Buenos Aires, donde todo es más oscuro por los sucesivos desalojos en los centros culturales, que impactan con “mucho dolor” en los teatristas sureños. Sucede que ven un reflejo: “Acá estamos acostumbrados a la falta de políticas”, enfatiza Valente.
Después de las críticas, llega el momento de las sugerencias: para los artistas, el Estado debería promover la conformación de elencos estables para ofrecer espectáculos gratuitos y la creación de establecimientos con especializaciones, para evitar emigraciones de alumnos a la Capital. “En la dificultad para conseguir público, le echo la culpa a todo: a Tinelli, a Blockbuster y al sistema. Pero también me pregunto qué es lo que hago para que mi producción y la realidad no se crucen”, cuestiona Valente y abre el bloque autocrítico. “Estamos muy para dentro. Quizá por eso no llegamos al público”, sostiene Ana Escobar, de Al Borde (Almirante Brown). “Y tenemos actitudes similares a las que criticamos. No vemos los trabajos de nuestros compañeros”, añade Badalamenti.
Pero, aunque la producción aislada resulte en “más de una estética de la periferia”, la ubicación geográfica con todo lo que representa actúa como escenografía compartida: “Estamos en un lugar de resistencia”, concluye Losada. “En una sala chica, en un barrio. Fuera del prestigio, los festivales, la prensa, los premios y los jurados. Laburamos en otro lugar, y eso es lo que define nuestra identidad.”

Informe: María Daniela Yaccar.

*Publicado en Página / 12 el viernes 27 de noviembre de 2009.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-16145-2009-11-27.html